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Era el día 14 de mayo de 2010, 8:30 de la mañana, y en las clases de 4º ESO se respiraba el ambiente de que algo distinto iba a pasar, si tuviera que especificar en que se basaba dicha suposición podría enumerar diversos motivos: los alumnos no traían ni carteras ni libros, los profesores iban corriendo de un lado a otro como si estuviesen enfrascados en preparativos de última hora, se pasa lista en cada clase un par de veces para controlar a los más rezagados… en fin, multitud de pequeños detalles que me hacen ratificarme en mi suposición.
Cuaderno de bitácora:
- 8:40, los cuartos empiezan a bajar siguiendo la batuta de tres profesores: Anabel, Gema y Raúl. Se agrupan en el patio y desde allí, en una no muy ordenada y menos marcial formación, se dirigen hacia la boca del metro de Aviación Española.
- 8:55, aunque parezca increíble hemos logrado llegar todos al metro y hemos pasado los torniquetes sin que hayan acudido los de seguridad alarmados por tal avalancha de adolescentes.
- 9:00, un nutrido grupo de adolescentes se incorporan a los vagones del metro de la línea 10 mientras un montón de caras estupefactas y adormiladas nos miran suplicantes para que no invadamos su vagón y les obliguemos a hacer una reflexión sobre la triste existencia de las sardinas en lata.
- 10:00, por fin hemos llegado a Banco de España. Abandonamos el “underground” y nuestras delicadas pupilas parpadean involuntariamente mientras, gracias al coche de San Fernando, nos acercamos a nuestro destino, el museo Thyssen. Según nos vamos acercando a la puerta de dicho recinto vamos constatando la existencia de una larga cola que pasamos a engrosar. Nuestros profesores, tras un veloz y agudo análisis de la situación, constatan que ,por primera vez, hemos llegado puntuales y todavía no han abierto el museo.
- 10:01 las puertas se abren y la masa expectante y ávida de cultura se adentra en el recinto para incorporarse a una nueva cola, la de las entradas. Nosotros, gracias a la ardua labor de nuestros profesores, pasamos directamente al “hall” como auténticos “VIP” donde aguardamos la llegada de nuestros “comentaristas” particulares.
- 10:20, iniciamos nuestro breve (hora y media , dos horas o dos horas y cuarto según el entusiasmo del grupo) pero intenso recorrido por la obra pictórica del siglo XX. Íbamos súper advertidos de lo “estirados” que podían ser en este museo y nos encontramos con una guía encantadora que abandonando tecnicismos esnobistas se entusiasmaba delante de cada cuadro intentando, por todos los medios, que compartiéramos parte de su deleite, que nos permitía sentarnos en el suelo para contemplar cada obra y expresar sencillamente lo que cada una de ella nos mostraba. Vimos obras de Grosz, Picasso, Gris, Dalí, Mondrian, Pollock, Rotho, Lichstentein….Luego nos permitió, por nuestra cuenta, recorrer el museo para volver a contemplar algún cuadro de los mostrados o cualquier otro de la exposición permanente, a pesar de no estar incluido en la visita. Si bien es verdad que no todos los cuadros gustaron a todo el mundo la experiencia fue altamente gratificante, tanto por lo mostrado como por la implicación de los alumnos en la actividad.
A la salida de todos los grupos, puesto que nos dividieron en tres, nos reagrupamos a las puertas del museo y nos dirigimos andando hasta SOL donde nos permitieron 20 minutos de parada técnica para cubrir diversas necesidades…. Tras lo cual nos volvimos a reagrupar para volver al metro y coger el transporte que nos devolviera a casa.
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